Extracto inédito del manuscrito de las Memorias escritas por

En 1975 viajamos Cristina y yo a las Ardenas belgas, donde hice un hallazgo importante: en unas forjas desmanteladas descubrí y compré veinte viejos yunques, que serán el origen de las series de los diez Desperta Ferro y Almogávares, inspirados en la epopeya de estos últimos; diez obras de mucha envergadura que no completé hasta 1984, cuando fueron presentadast en mi primera exposición antológica en el Palacio de Velázquez de Madrid.

Los Almogávares eran guerreros aragoneses, catalanes y baleares quienes, cuando las fronteras de la reconquista de España se fueron desplazando hacia el sur, siendo gente de armas, inquietos y peligrosos, fueron enviados a Constantinopla por el rey de Aragón para contrarrestar la llegada de los turcos y consiguieron retrasar doscientos años la conquista de esta ciudad. Entre 1302 y 1311 se apoderaron de casi toda Grecia, fundando condados y ducados propios, hasta que se autoeliminaron luchando unos contra otros. “Desperta Ferro” era el grito de guerra que los Almogávares proferían antes de dar batalla, mientras golpeaban sus espadas en las piedras para “despertar” el hierro haciendo chispas, y así infundir terror en sus enemigos. Esta estrategia ya la había usado Aníbal en la batalla de Cannas.

A partir de los yunques que había adquirido en las Ardenas, hice unos bocetos de unos 20 cms. Los hice en madera para poderlos desplazar y manejar fácilmente. Mirándolos muchas veces, y pensando lo que iba a hacer con estos yunques de hierro macizo, me vino al espíritu el famoso grito de guerra y por esa razón a los bocetos los llamé “Desperta Ferro” y las esculturas que hice con los pesadísimos yunques originales, entre trescientos y cuatrocientos kilos cada uno, se denominaron Almogávares.